El primer problema para acabar con las distracciones es identificarlas, para luego poder luchar contra ellas.
Las distracciones forman parte de nuestra normalidad y un método muy eficaz para acabar con ellas es alejarnos de las mismas en formato conductual.
Por ejemplo, alejarnos de la televisión, el móvil, la tablet, el ordenador, los videojuegos, etc.
Por eso siempre es un buen consejo tener un espacio libre de distracciones como puede ser una biblioteca.
Un buen ejercicio sería hacer un listado de todos los elementos distractores para plantearlos como "enemigos" y así "luchar contra ellos”.
Es una lucha entre nuestra intención de ser responsables y obtener placer a largo plazo, y el placer a corto plazo, que suele ser el elemento común de todos los distractores.
Es importantísimo tener claro que no somos robots y que si tenemos la tentación demasiado cerca, nuestra ansiedad aumenta y nos hace caer en ella.
Por ello, hemos de poner dificultades a la tentación.
También hay estrategias cognitivas para desviar la atención como pueden ser la desviación de pensamiento, el cambio de distractores o reencuadrar algunos distractores.
Y otras más físicas como la respiración o la relajación.
A veces una estrategia útil es dejarnos ‘ganar’ por las distracciones pero con un límite de tiempo.
Por ejemplo, me permito distraerme mirando la televisión una hora (pero hay que ser muy firmes en que 1 hora es 1 hora).