Colocarse en posición erguida y mantener el equilibrio sobre una pierna durante 60”.
Mantener los brazos relajados a lo largo del cuerpo y la otra pierna apoyada en la rodilla de la pierna que está en el suelo.
De pie, con piernas separadas a la anchura de las caderas, inclínate hacia delante, intentando alcanzar el suelo con las manos.
Tus piernas y espalda deben estar rectas.
El objetivo es evaluar movilidad de la cintura escapular y flexibilidad de músculos rotadores internos y externos del húmero.
Intentar tocarte las manos pasando un brazo por encima del hombro.
Intenta por ambos laterales.
Se recomienda utilizar un banco del parque o una silla sobre la que apoyar ligeramente el glúteo en cada bajada.
La idea es simular el recorrido que hacemos al sentarnos y al levantarnos hasta estar erguidos por completo.
Hay que vigilar que las rodillas no sobrepasen la punta de los pies para no provocar daño en las articulaciones.
Realizar el ejercicio durante 30” y contar las repeticiones que se han hecho.
En primer lugar, te invitamos a poner a prueba tu capacidad aeróbica, es decir, tu aguante para llevar a cabo un esfuerzo físico más o menos prolongado.
A ver cómo responden tu corazón y tus pulmones al envite.
El objetivo que planteamos es averiguar cuántos metros eres capaz de recorrer durante una carrera continua de 12 minutos de duración.
Los que no sean capaces de trotar durante todo ese tiempo siempre tienen la opción de caminar.
Sentado sobre una colchoneta con las piernas estiradas y los pies ligeramente abiertos, inclina el tronco y deslize los dedos hacia adelante hasta llegar lo más lejos posible.
Tumbado boca arriba con las piernas flexionadas y las manos cruzadas sobre el pecho, levante el tronco hasta la vertical sin mover los pies del sitio.
Y, de semejante guisa, intentando mantener el cuello relajado, haz tantas repeticiones como seas capaz durante un minuto.