Existen multitud de pruebas y test que permiten medir la condición física, aunque los que más se suelen utilizar se categorizan en estos 3 tipos de pruebas:
Test de condición física: Se relacionan con el rendimiento específico y se utilizan para medir la eficacia de los procesos de entrenamiento y el grado de evolución individual en un rendimiento motor concreto.
Un ejemplo de ello es: Test de Cooper: mide la resistencia aeróbica del sujeto cuando recorre la mayor distancia posible en 12 minutos, corriendo o alternándolo con andar pero sin parar.
Los valores se interpretan en una tabla que combina los parámetros de edad, sexo y nivel de condición física.
Pruebas específicas de laboratorio: Evalúan en situaciones de esfuerzo y condiciones mucho más sofisticadas, rigurosas y controladas, parámetros relacionados con la capacidad funcional del individuo.
Un ejemplo de ello es: Test de la Milla: determina el consumo de oxígeno máximo en sujetos de baja condición física cuando recorren caminando tan rápido como les sea posible una milla de distancia y evaluando al finalizar la frecuencia cardiaca y el tiempo empleado.
Se utiliza esta fórmula: VO2 máx = 132,6 – (0,17 x Peso Corporal) – (0,39 x Edad) + (6,31x Sexo) – (3,27 x Tiempo) – (0,156 x Frecuencia Cardiaca).
Los valores se interpretan en una tabla que combina los parámetros de edad, sexo y nivel de condición física.
Pruebas antropométricas: Evalúan las dimensiones y composición corporal.
Se suele utilizar para conocer el estado nutricional y la posibilidad de establecer un peso óptimo a través de la intervención.
Un ejemplo de ello es: Índice de masa corporal: determina la cantidad de grasa corporal existente en el cuerpo a través de la fórmula: IMC=peso (Kg)/altura (m²)
Estas son algunas de las pruebas que se utilizan para medir la condición física aunque existen muchas más.