Los principales nutrientes que nos ayudan en este objetivo son las vitaminas A, B, C y E, minerales como el selenio, el zinc, el hierro, el potasio, el calcio, el fósforo, el sodio o el cobre, pigmentos como la luteína y la zeaxantina, y ácidos grasos como el omega3, el aceite de oliva y el ácido fólico. Incorporados a nuestra dieta nos protegen de los rayos UV del sol, cuidan la córnea, nutren al nervio y músculos ópticos, evitan el envejecimiento prematuro de las células de la retina y previenen enfermedades degenerativas y crónicas, entre otros beneficios.
En concreto, la prevención de la degeneración macular asociada a la edad, las cataratas y el daño retiniano, la protección de los ojos por su acción antioxidante o la reducción de triglicéridos y su consecuente mejora de la tensión elevada son aportaciones importantes de estas vitaminas, minerales y pigmentos.
De la misma forma, buscándolos en los alimentos que consumas tendrás aliados de primera mano para la prevención de la ceguera nocturna y del síndrome de ojo seco, así como para obtener un aumento de la habilidad visual y una mejora de la visión.
Te recomendamos que incluyas en tu menú las siguientes verduras: zanahoria, calabacín, repollo, escarola, apio, perejil, acelga, espinaca, alcachofa, lechuga, guisantes, puerro, judía verde, remolacha, tomate, endivia y berros.
Añade igualmente ajo, cebolla para completar este apartado.
No olvides la naranja, el kiwi, el limón, las fresas, el pomelo, el plátano, las moras, las cerezas, las frambuesas y los arándanos, y súmalos a los frutos secos, especialmente a las nueces, las almendras y los cacahuetes.
Apunta también en tu lista de la compra cereales como el maíz y las semillas de girasol o de calabaza, así como las lentejas y los pescados grasos, siendo el salmón, la sardina, el atún y la trucha buenos ejemplos de ellos.
Y ya puestos, añade una buena guinda, y de paso, todo un capricho: las ostras y, en general, el marisco, siempre con moderación.
Una dieta equilibrada y variada es muy beneficiosa, no solo para tus ojos, sino para tu salud global.
Si añadimos a la ecuación hábitos de vida saludables como practicar deporte y realizar ejercicios de terapia visual, protegerte del sol y evitar el tabaco, el resultado para nuestra salud ocular mejorará exponencialmente.