Sucede cuando una persona se traslada muy rápido a más de tres franjas horarias, y el traslado dura entre dos y seis días. La alteración de las fases de sueño-vigilia es el impacto más común del jet lag, aunque también puede provocar malestar general o estomacal, irritabilidad, falta de concentración y fatiga diurna que se podría alargar más de una semana. Debido a que su reloj biológico se retrasó naturalmente, cambiando un poco más tarde en relación con la hora local cada día, después de unos días, él está completamente sincronizado. Mientras tanto, Pedro aterriza en Auckland, Nueva Zelanda, aproximadamente 2,5 horas más tarde en el día. Probablemente sentirá los efectos del desfase horario más severamente que Juan y por más tiempo. Ya desde el avión, los especialistas aconsejan intentar dormir en los horarios del destino.
1- Adaptar los horarios en casa
Siempre que se pueda, es recomendable configurar el reloj biológico a la nueva zona horaria antes de volar. Para ello, uno o dos días antes del viaje, se puede cambiar la hora del teléfono móvil y acostarse, despertarse y comer a la hora del destino. Así, el proceso de adaptación empieza antes.
2- En destino, desde el avión
Del mismo modo, también es recomendable dormir y comer según el horario de destino una vez en el avión. Llevar almohada de viaje, antifaz y tapones y escoger asiento según las preferencias de cada uno facilitará las cosas.
3- Moverse durante el viaje
Asimismo hay que intentar hacer estiramientos en el avión y, siempre que no se esté durmiendo, levantarse cada 90 minutos para mantener la sangre en movimiento y evitar la hinchazón de piernas, a lo que también ayuda usar ropa holgada y medias gruesas o de compresión.
4- Buen descanso previo
“Una buena estrategia para limitar los efectos del jet lag es evitar empezar un viaje ya privados de sueño. Planifiquen con antelación y no pierdan el sueño por hacer la maleta en el último momento. Todos tenemos ritmos prominentes de 24 horas coordinados por el reloj circadiano de nuestro cerebro. Nuestra exposición diaria a la luz diurna refuerza la sincronización de nuestro ritmo circadiano, pero no cambia instantáneamente cuando viajamos rápidamente a diferentes zonas horarias”, sostuvo en diálogo con la revista de salud y bienestar estadounidense Real Simple, el doctor David Nelson Neubauer, miembro de la Junta de la Fundación Nacional del Sueño y profesor asociado de psiquiatría en Johns Hopkins Medicine.
5- El poder del sol
Una vez aterrizado, es importante la exposición estratégica a la luz solar según los horarios, aunque existen otras medidas para mejorar el jet lag, como caminar descalzo por el césped o la arena, ya que el contacto físico con la tierra del lugar acelera la aclimatación al mismo.
6- Evitar las siestas
Seguir los nuevos ritmos de acostarse y de comer es fundamental para evitar los efectos del jet lag. Para ello, se desaconseja hacer siestas después de la llegada. Si resulta difícil conciliar el sueño cuando se debería, se puede intentar incorporar técnicas de relajación o ejercicios de respiración para relajarse durante la noche. Asimismo, los especialistas recomiendan evitar el uso de dispositivos electrónicos al menos una hora antes de acostarse.
7- Dieta saludable y sin estimulantes
Tanto antes como durante y después del vuelo, es importante evitar las comidas abundantes, limitar el consumo de alcohol y de café y beber abundante agua.