Ayuda a tu pequeño a regular sus emociones cuando está molesto. Cada vez que tranquilizas a tu bebé, ya sea alimentándolo cuando tiene hambre, cambiándolo cuando está mojado o acomodándolo en tus brazos cuando está cansado o abrumado, fortaleces las conexiones cerebrales que un día le permitirán calmarse a sí mismo de manera autónoma. Cuando tengas que corregir un comportamiento no deseado, ofrécele a tu pequeño opciones aceptables como alternativa. Cuando intervengas para detener un comportamiento no deseado, enséñale a tu pequeño qué hacer en su lugar. Establecer rutinas. La estructura diaria nos ayuda a sentirnos regulados, especialmente a los más pequeños. Utiliza juegos que estimulen la concentración, tomar turnos, esperar, etc. La autorregulación también se enmarca en las competencias o habilidades de la función ejecutiva. Fomentar la inteligencia emocional. La inteligencia emocional nos ayuda a entender y a manejar nuestras emociones y las de los demás, y es fundamental para la autorregulación. Fomentar las habilidades sociales. La autorregulación es la base para la interacción social.