El trauma que se experimenta dentro del contexto de una relación íntima, particularmente cuando involucra situaciones como el abuso de pareja, tiene la capacidad de destruir algo fundamental: la confianza. La confianza es la base sobre la que se construyen las relaciones saludables, y cuando esta es rota, las repercusiones pueden ser devastadoras. En casos de abuso emocional, físico o psicológico, el vínculo que alguna vez existió se ve alterado por una profunda sensación de traición. El trauma sufrido puede desencadenar una sensación de inseguridad que va más allá de la relación específica, afectando la forma en que la persona se acerca y confía en los demás. El miedo a ser vulnerable o a repetir la experiencia de daño lleva a un distanciamiento emocional, a una protección excesiva que dificulta la creación de un espacio seguro y amoroso con una nueva pareja. La constante alerta es una respuesta automática a la experiencia de traición, y la persona traumatizada puede vivir en un estado de vigilancia permanente, lo que dificulta enormemente la capacidad de disfrutar de una conexión genuina. El miedo no necesariamente tiene que estar relacionado con la pareja actual; a menudo, el miedo a ser herido nuevamente es un eco de las experiencias pasadas que se proyecta en cada nueva interacción. Esto puede generar una sensación de no ser lo suficientemente valiosa para experimentar amor sin temor.