La atención se divide en diferentes tipos, entre ellos, la atención focalizada, sostenida, selectiva, alternante y dividida.
La atención focalizada es la capacidad de dirigir la atención hacia el estímulo, como dirigir nuestra atención hacia un ruido, una persona, etc.
La atención sostenida es la capacidad de mantener la atención hacia una tarea durante un largo periodo de tiempo, como ver una película, leer un libro, atender a una conversación, realizar un trabajo, etc.
La atención selectiva es la capacidad de seleccionar el estímulo pertinente en presencia de distractores, como elegir el producto deseado en presencia de otros en el supermercado, hacer el desayuno por las mañanas, ser capaz en un aeropuerto de encontrar tu vuelo, etc.
La atención alternante es la capacidad de cambiar el foco de atención de una tarea a otra y retomarla en el punto en el que se quedó, como en una conversación cambiar de tema y al rato volver al anterior sin perdernos, mientras hacemos la comida, atender una llamada y luego volver al punto donde nos habíamos quedado cocinando, etc.
La atención dividida es la capacidad de realizar varias tareas/prestar atención a varios estímulos simultáneamente, como estudiar o leer mientras se escucha música, conducir mientras se habla con el copiloto, tocar un instrumento musical, etc.
El modelo de Norman y Sallice es jerárquico, por lo que si los niveles más bajos de atención están afectados, los siguientes también lo estarán.
Este modelo es útil tanto para la evaluación como para la intervención con pacientes que padecen alguna alteración atencional.