El descanso activo consiste en dejar de realizar durante un periodo de tiempo la rutina de ejercicio habitual pero, al mismo tiempo, seguir entrenando o practicar algún tipo de actividad diferente. El descanso pasivo supondría no hacer absolutamente nada, aunque el cuerpo y el organismo sigue funcionando pero en el descanso activo se lleva a cabo algún tipo de actividad, eso sí de menor intensidad y diferente a la acostumbrada. La clave es mantenerse activo pero sin el nivel de desgaste habitual.
Si se están realizando ejercicios de fuerza será necesario trabajar otros grupos musculares, o trabajar de forma diferente para involucrar otras fibras, y con una carga, volumen e intensidad diferentes.
La elección del tipo de ejercicio para los días de descanso activo dependerá del estado físico previo de la persona, el tipo de práctica deportiva habitual, la intensidad de la actividad habitual, la cercanía o no de una competición, las propias preferencias del deportista.
Para una persona que practica habitualmente algún tipo de actividad aeróbica, como podría ser correr, o que realiza de forma regular entrenamiento de fuerza sería conveniente dedicar uno o dos días a la semana a practicar actividades entre un amplio grupo para elegir y entre las que se incluyen yoga, pilates, realizar hipopresivos, estiramiento, caminar, preferentemente y si es posible en contacto con la naturaleza, salir en bicicleta, nadar, bailar, aquadance, aquagym.
La clave está en trabajar el cuerpo de forma diferente y sin alcanzar la misma frecuencia cardiaca que en los días de práctica habitual para que el gasto de energía sea menor.