Cuida tu peso.
La obesidad y el sobrepeso son factores de riesgos elevados para la hipertensión, ya que el corazón tiene que hacer más esfuerzo para bombear la sangre a todos los puntos de nuestro cuerpo.
Tener un peso adecuado es el primer paso para tener una tensión arterial regulada.
Realizar ejercicio a diario.
Un corazón fuerte hace que la sangre bombee mejor y consecuentemente ayuda a bajar la tensión.
Una buena rutina es realizar ejercicio a diario, unos 30 o 45 minutos es más que suficiente, pero si el cuerpo te pide más ejercicio ¡adelante!
Modera el consumo de sal, azúcar y harina.
El exceso de sal en la comida es perjudicial a largo plazo, por lo que tenemos que controlar su consumo.
Además, otros alimentos que debes reducir son el azúcar y la harina.
Reduce el consumo de alcohol y el tabaco.
El alcohol es un enemigo para nuestras arterias y corazón.
Lo más recomendable es no probar el alcohol en absoluto, pero si no quieres hacerlo, al menos habría que moderar su consumo.
Igualmente el tabaco no trae nada bueno.
Fumar de forma habitual aumenta la tensión y sus componentes químicos terminan atacando a la larga a nuestros tejidos, volviendo a las arterias más débiles.
Tomar alimentos ricos en potasio.
Al igual que el sodio es un enemigo para nuestro organismo, el potasio es un aliado.
Es un mineral encargado de deshacerse del exceso de potasio, por lo que el beneficio es doble.
Lo podemos encontrar en los frutos secos, los plátanos, los lácteos y los vegetales, por ejemplo.
Disminuye la cafeína.
La cafeína también se puede convertir a la larga en un gran enemigo de nuestro organismo.
Mucha gente necesita su dosis diaria de cafeína o té para mantenerse activos, pero hay que tener en cuenta que aumenta la tensión arterial y por tanto su consumo no es nada beneficioso para personas hipertensas.
Trata de reducir el estrés.
Este punto puede ser uno de los más complicados de llevar a cabo.
Reducir el estrés muchas veces no depende de nosotros, sino de nuestro entorno, de nuestro estilo de vida.
Sin embargo, deberíamos tratar de reducirlo en la medida de lo posible.
Siempre se puede hacer un deporte relajante, como golf o paseos por la playa; o acudir a un clase de yoga o pilates.
Incluso podemos buscar algún tipo de terapia que nos ayude a gestionar nuestros niveles de estrés.
La meditación o la respiración profunda también ayudan a limitar los factores de riesgo que provocan la hipertensión.
La respiración profunda favorece la oxigenación de la sangre y relajan el cuerpo completo, facilitando el buen funcionamiento de los órganos.
Consume chocolate negro y bayas.
El chocolate negro puro, sin azúcar ni leche, es un alimento perfecto para bajar la tensión arterial al poseer flavonoides que ayudan a dilatar las arterias.
Pero mucho cuidado, la mayoría de las opciones que encuentras en supermercados, tienen siempre algo de azúcar.
La mejor opción es que preguntes en tu herbolario de confianza; ahí sí encontrarás cacao puro o chocolate sin azúcar, 100% puro.
Por otro lado las bayas sin alimentos ricos en polifenoles, que reducen la tensión arterial y previenen de enfermedades cardíacas.
Una de las más comunes son las bayas de Goji, que puedes adquirir en cualquier herboristería.
No te olvides de los suplementos naturales.
Una forma de hacerlo es mediante los suplementos naturales.
Algunos aliados pueden ser el magnesio, la vitamina B, el aceite de pescado, ajo envejecido, berberina, flor de hibisco, etc.
De todos estos suplementos, el magnesio puede ser el más recomendado.
El magnesio ayuda a relajar los vasos sanguíneos y regula la tensión.
De forma natural lo encontramos en las legumbres y los granos integrales.
Infusiones que ayudan a bajar la tensión.
Son bebidas compatibles con cualquier tipo de dieta y tienen muchos beneficios.
Algunas de las más recomendables para bajar la tensión son la cola de caballo, valeriana, hoja de olivo o el té de alpiste.