La visión periférica funciona correctamente gracias a los bastones, unos 120 millones de células fotorreceptoras de la retina, encargadas de la visión periférica y nocturna. Estas células tan especializadas se comunican con el cerebro a través del nervio óptico para transmitir la información que captan. Por lo tanto, sin el buen funcionamiento de ambos se puede llegar a perder la visión periférica, bien de manera temporal o permanentemente.
Hay diversas causas por las que puede ocurrir la pérdida de la visión periférica, bien de manera temporal o permanentemente. En general está asociada a enfermedades de la retina, pero también pueden ser problemas en el nervio óptico o, incluso, en la zona del cerebro dedicada a la visión, como un ictus.
El glaucoma es una enfermedad que, en general, produce una acumulación del líquido intraocular en la parte más anterior del ojo, aumentando la tensión ocular y dañando el nervio óptico. Es la principal causa de ceguera irreversible entre las personas mayores de 60 años y también puede acarrear la pérdida de la visión periférica.
La pérdida de la visión periférica conlleva una reducción del campo visual que impide que veamos los laterales, manteniendo intacta la visión central. Es el fenómeno que comúnmente se conoce como visión en túnel, porque genera el efecto óptico de estar recorriendo un túnel ya que se pueden seguir apreciando los detalles y lo que se encuentra en el centro.
En todos los casos, la mejor herramienta contra la pérdida de visión periférica es la prevención. Y como hemos comentado, este tipo de visión puede ser causa de enfermedades que causan ceguera, por lo que una revisión a tiempo con el oftalmólogo es el mejor consejo para tratarlo a tiempo y evitar que evolucione.