Desafortunadamente, a día de hoy aún no hay ninguna opción sencilla para paliar la pérdida de visión periférica.
Al contrario que con otras patologías de la vista como la miopía o el astigmatismo, las gafas o las lentes de contacto convencionales tan sencillas de conseguir, no funcionan en este caso.
En todos los casos, la mejor herramienta contra la perdida de la visión periférica es la prevención.
Y como hemos comentado, este tipo de visión puede ser causa de enfermedades que causan ceguera, por lo que una revisión a tiempo con el oftalmológo es el mejor consejo para tratarlo a tiempo y evitar que evolucione.
Es importante para desenvolvernos en el día a día con normalidad y de manera independiente, poder movernos por la calle, ubicarnos en sitios desconocidos, conducir, subir o bajar escaleras, hacer deporte o todas esas pequeñas funciones cotidianas que necesitan que tengamos noción del mundo que nos rodea, aunque no estemos totalmente concentrados en él.
La visión periférica funciona correctamente gracias a los bastones, unos 120 millones de células fotorreceptoras de la retina, encargadas de la visión periférica y nocturna.
Estas células tan especializadas se comunican con el cerebro a través del nervio óptico para transmitir la información que captan.
Por lo tanto, sin el buen funcionamiento de ambos se puede llegar a perder la visión periférica, bien de manera temporal o permanentemente.