El principio de especialización no es mencionado en el artículo, pero el principio de especificidad dice que debemos entrenar las cualidades físicas en las condiciones concretas que nos demanda la competición.
Es decir, hay que entrenar lo que se va a competir, o lo más semejante posible.
Esto se fundamenta en el hecho biológico de que las adaptaciones se producen sobre los órganos y sistemas concretos que entrenamos, y no otros.
Podemos considerar varias formas de especificidad.
La aplicación de este principio se basa en hacer que los entrenamientos se asemejen en ciertos aspectos a la competición, pero ese parecido puede darse desde diferentes perspectivas.
La especificidad metabólica se aplica a los sistemas energéticos movilizados durante el ejercicio.
La especificidad biomecánica actúa sobre los sistemas músculo-esquelético y nervioso.
Hace referencia al tipo de movimiento del ejercicio, y existen varios factores que podemos analizar.
Gesto o patrón de movimiento:
Las principales mejoras del rendimiento se producen en los mismos movimientos que implican a los grupos musculares implicados, en una posición y ángulos de ejecución determinados.
La velocidad de contracción también es determinante a la hora de mejorar una cualidad o gesto determinado.
La especificidad contextual aparte de la especificidad de las propias tareas del entrenamiento, también existen otros factores externos que determinan cuán específico es un entrenamiento.
Existen infinitos factores que debemos intentar imitar en los entrenamientos para que sean lo más específicos posibles.
La especificidad de las condiciones ambientales, la especificidad del material, la especificidad en el entorno, la especificidad psicológica, son ejemplos.