Para entender el concepto “nivel de activación” resulta importante saber que el estrés es el desequilibrio que existe entre las capacidades del escalador y las demandas de la situación. La curva del ‘arousal’ y la ley de Yerkes-Dodson muestra que el nivel de activación o “arousal” implica tanto la actividad cerebral como la fisiológica, los procesos atencionales y la activación general del organismo.
Cada deportista tiene su propio nivel óptimo de activación y debe aprender a conocer cuál es el adecuado para cada exigencia. Con entrenamiento, podemos preparar al escalador para las diferentes situaciones con las que se puede encontrar, ya sea durante los entrenamientos, en la preparación de proyectos o durante el desarrollo de las competiciones.
Hay una serie de herramientas que con entrenamiento mental nos van a ayudar a alcanzar nuestro nivel óptimo de activación. Desde un punto de vista físico y fisiológico, nos serviremos de estrategias tales como el control de la respiración, control de la tasa cardiaca, las rutinas de calentamiento previo o los hábitos de estiramiento tras la actividad para control los niveles de activación deseados.
Dentro de las estrategias de activación cognitiva podemos encontrar técnicas de visualización, memorización, autodiálogo, parada de pensamiento y el uso de palabras clave y pensamientos positivos para mejorar los niveles de activación.
A través de estas técnicas, no solo mejoraremos nuestro control sobre el nivel de activación y los procesos atencionales, sino que además podremos mejorar paralelamente la sensación de control sobre la tarea, el autoconocimiento, la autorregulación, y por supuesto la motivación.
Cuanta más sensación de control tenga sobre la tarea, más me podré exponer a situaciones demandantes sin que generen un estrés que me impida rendir adecuadamente y mayor será el disfrute durante la escalada.