Mejorar tu vida es un instinto natural que puedes tener dormido por baja autoestima. Es una forma de vivir en la que te responsabilizas de lo que te ocurre. Los cambios de verdad, los que que llegan para quedarse y no son una moda del momento o un impulso que se agota enseguida, son progresivos. No suelen ser grandes cambios que ocurren de un día para otro sino que se construyen a través de pequeñas modificaciones que conforman una transformación permanente. En este trayecto progresivo, vas añadiendo elementos positivos y retirando elementos negativos. Cambias unos hábitos por otros, poco a poco, sin prisa pero sin pausa.
Si es bueno, tiene un valor y has de permitirte pagar el precio que vale, porque aunque te parezca caro al principio, te va a enriquecer. La conciencia de abundancia es un acto de valentía, que da vértigo y amenaza con el fracaso por ser demasiado osado. Pero si quieres limones, tendrás que plantar un limonero. Si quieres cambios para bien, tendrás que plantar semillas de lo bueno.
Aunque estés más cómodo en lo mediocre o en lo ya conocido. Cada uno tiene su ritmo. No hay un patrón universal para cambiar. Las circunstancias, experiencias y particularidades de cada cual cuentan a la hora de progresar. Desde dónde parte cada cambio y hasta dónde se quiere llegar, qué tiene sentido para uno y qué no lo tiene para otro. Y crecer desde quién eres, no desde quién deberías ser.