La regla 1-3-5 es un método de organización que se basa en crear listas de tareas en las que se prioriza una tarea grande, seguida de tres tareas medianas y, finalmente, cinco tareas pequeñas.
Identificar una tarea grande es fácil, ya que es aquella que llevas semanas posponiendo por su complejidad, que requiere varias horas de concentración.
En cuanto a las tareas medianas y pequeñas, si una te toma más de media hora, es mediana.
Si puedes completarla en pocos minutos, es pequeña.
Reconocer que el día solo tiene 24 horas es el primer paso para implementar eficazmente la regla 1-3-5.
A partir de aquí, la clave está en clasificar cada tarea según su tipo, urgencia e importancia.
Las ventajas de la regla 1-3-5 es que, a diferencia de otros métodos, las tareas pueden ajustarse a tu horario.
Puedes combinar tareas medianas y pequeñas según tu disponibilidad.
Si eliges hacerlo, es importante calcular el tiempo que necesitarás para cada tarea, pero siempre restando unos minutos para evitar caer en la Ley de Parkinson, que tiende a expandir el tiempo destinado a tareas que realmente no requieren tanto.
Además, la flexibilidad de este sistema te permite agrupar o dividir tareas para que encajen mejor en los espacios disponibles.
La clave de esta regla es evitar que las tareas se acumulen por falta de tiempo.
Así, podrás ir tachando las actividades de tu lista de manera progresiva, sin caer en la tentación de posponerlas.
Esta flexibilidad no solo es útil para organizar tu tiempo profesionalmente, sino que también puedes aplicarla a cualquier área de tu vida personal.
Aceptémoslo: por más que lo intentes, no podrás hacer todo lo que tienes en mente en un solo día.
Si sientes que una tarea mediana se puede dividir en varias pequeñas, incluso es posible repartirla en varios días.
Si solo tienes dos tareas medianas, por ejemplo, puedes combinar varias tareas pequeñas en un bloque para completar el espacio de la tercera mediana.
En todo momento, el objetivo es ir avanzando en la lista de tareas.