No solo somos lo que comemos, sino también cómo nos movemos. Para ello, la clave está en un buen equilibrio de todos los factores. La alimentación debe ser variada y equilibrada. Con moderación y junto a una proporción adecuada de cada alimento y los nutrientes que contiene, lograremos alcanzar una buena salud y el peso deseado. Debemos realizar entre 3-5 comidas al día. No omitir el desayuno, dedicarle al menos 15 minutos, en donde incluyamos un lácteo, dos tostadas preferentemente integrales con aceite de oliva virgen extra y tomate natural. Movernos diariamente es fundamental para mantener nuestro cuerpo funcionando adecuadamente. El simple hecho de romper continuamente el sedentarismo a lo largo del día, con prácticas tan sencillas como levantarnos 5 minutos de la silla o bajar y subir las escaleras del edificio donde trabajemos cada hora, nos mantendrá y mejorará no solo físicamente, sino también psicológicamente. Combatir el estrés nos ayudará realizar ejercicio físico durante el día, ya que provoca una sensación de bienestar debida al aumento de secreción de neurotransmisores, sustancias asociadas a un mejor estado anímico, control de ira, agresividad y mejora de la memoria. Un buen descanso respetando las horas de sueño nocturnas, durante el sueño se produce la regeneración y reparación de los tejidos y diferentes estructuras corporales, tan necesarias para el sistema nervioso, a la vez que conseguimos fijar los conocimientos aprendidos y memorizados durante el día. No olvidarnos de la hidratación constante a lo largo del día, acostumbrarnos a llevar una botella en el bolso o mochila e ir bebiendo hasta alcanzar un total de 1,5-2 litros al día.