La contractura de cuello puede derivar de diversas causas.
En general, está muy relacionada con la actividad física, aunque también se puede deber a motivos emocionales y mentales de la persona.
Entre ellas, podemos destacar las siguientes:
Postura incorrecta.
Es la causa principal y recurrente que produce contractura de cuello, ya que la postura es fundamental para nuestro cuerpo.
Una postura inadecuada tiene como consecuencia el aumento de la tensión muscular y una mayor compresión en los nervios de la musculatura del cuello.
El riesgo es que puede derivar en problemas en la columna cervical o en los brazos o manos.
Síndrome del latigazo cervical.
Es una de las afecciones más frecuentes que se produce en accidentes o en forma de lesiones.
Se produce por un movimiento rápido del cuello hacia adelante o hacia atrás, como la fuerza de un látigo.
El resultado es una lesión dolorosa debido a la rotura muscular.
Suele ocurrir en accidentes de tránsito, deportes sin protección o en ciertos sectores laborales.
Esfuerzos repentinos.
Representa otra causa bastante frecuente que provoca contractura de cuello.
Los esfuerzos pueden realizarse en actividades interactivas como practicar deporte sin calentamiento previo, cargar objetos pesados, realizar movimientos de cuello bruscos, entre otros.
Debilidad en los músculos.
Si bien la falta de ejercicio, de vitaminas u de hierro puede debilitar a los músculos, una distrofia muscular puede ocasionar una contractura de cuello.
Esto ocurre cuando ciertas enfermedades, en forma progresiva, van debilitando los tejidos y la masa muscular.
Estrés.
Es un factor mental que afecta a los músculos del cuello más de lo que podemos imaginar.
Un alto nivel de estrés por tiempo prolongado puede ocasionar, además de una contractura de cuello, tensión muscular, adormecimiento del músculo y los tendones, dolor en los hombros, espalda y mandíbula, etc.