La primera lluvia que nos podemos encontrar es no sólo el hecho de iniciar una vida en común y de traer cada uno su propia historia, el convivir con las mochilas que cada uno lleva.
A esa realidad, puede añadirse una tormenta en forma del cariño que las familias de origen tienen a los recién casados o a los flamantes padres, llegando a opinar a veces más de la cuenta o estando presentes en su vida más de lo que ellos desearían, porque el casado casa quiere.
A veces ese cariño se puede ver aumentado por cierta dependencia económica de los hijos hacia sus padres, para llegar a fin de mes o para no perder los privilegios de cuando éramos solteros.
Otras veces, esas familias de origen pueden causar diferencias de criterio a la hora, por ejemplo, de marcar ciertas pautas sobre cómo educar a nuestros hijos, o de establecer los cuidados de nuestros mayores, repartirnos sus tiempos, las vacaciones o los fines de semana.
Otras veces, esos vientos pueden venir en forma de una falta de trabajo o de un trabajo excesivo, bien por necesidad, bien por no saber decir que no.
O por una intensa vida social, en tiempo de pandemia quizás más on line que presencial, con nuestros amigos de soltero, vecinos o colegas del trabajo, donde el tomar unas cañas después de jugar un partido de fútbol, o copetear a la salida del trabajo o esas quedadas de colegas, que antes del confinamiento eran tan frecuentes y que ahora las hacemos vía redes sociales o participando en multitud de chats y que nos van quitando tiempo de familia y por ende con nuestra pareja.
En ocasiones, la economía familiar puede suponer un problema, lo estamos viendo en esta época, cómo muchas familias tienen que tirar de ahorros ( cuando los tienen) o de otras ayudas para poder vivir y poder alimentar a sus hijos.
Enfermedades, muertes o confinamiento, son factores externos no previsibles ( tormentas eléctricas que generan sacudidas) pero que cuando llegan es necesario afrontar.