La presión atmosférica es la variable meteorológica que mejor nos puede anticipar los cambios en el tiempo. El barómetro es el instrumento meteorológico que más información puede darnos acerca de los cambios del tiempo, mucho más que el higrómetro, el termómetro o la veleta. Sin embargo, el paso de las borrascas, la intensidad del viento o la llegada de la lluvia no pueden ser previstos de manera absoluta por la variación de la presión atmosférica y siempre hay que complementar sus datos con otras variables o con lo que muestra el cielo, entender el lenguaje de las nubes. Por ejemplo, si la caída de presión viene acompañada de una subida de la humedad relativa, es un hecho claro de que una masa de aire húmeda se acerca y puede estar asociada a un frente de lluvias. Se considera que la presión es baja, si se sitúa por debajo de los 1013 mb al nivel del mar y viceversa, una presión alta.
Cuando la presión atmosférica permanece baja, después de varios días en esos valores, en un ambiente inestable, con temperatura templada o baja más una humedad relativa baja, no hay que esperar que las lluvias o las nevadas cesen a corto plazo. Si tras muchos días de tiempo estable y presión alta, se inician varias jornadas de presión en descenso, es bastante probable que la inestabilidad aparezca en breve.