La presión sanguínea es la fuerza que expande y contrae tus venas y arterias.
Un adulto sano genera una presión sistólica de entre 90 y 120 mm de mercurio, y una diastólica de entre 60 y 80 mm Hg, ergo un adulto sano debería presentar una lectura de unos 120/80 mm Hg.
La configuración de los vasos sanguíneos les permite manejar estas fluctuaciones sin mayor problema gracias al tejido muscular alojado en medio de las paredes arteriales, ya que les permite contraerse y expandirse considerablemente sin llegar a sufrir daños.
Un corazón promedio late unas 70 veces por minuto, 3,000 millones de veces en la vida un adulto también promedio, y en cada latido impulsará por tu cuerpo unos 70 mililitros de sangre.
Tanto bombear ejerce una presión considerable en las paredes de tus vasos sanguíneos, y a esta fuerza que expande y contrae tus venas y arterias la llamamos presión sanguínea.
En cualquier sistema de transmisión de fluidos existe un gran número de factores que pueden provocar una variación en la presión ejercida sobre las paredes de las tuberías, tales como el grosor de éstas, el espesor y la fluidez del líquido a transportar, así cómo el volumen del mismo.
La sal en una persona con un elevado consumo en su dieta provoca la retención de agua, y el excedente de ésta se disuelve en la sangre.
El volumen extra que aporta el agua añade una presión adicional, que a su vez provoca una mayor presión en las tuberías y el corazón debe latir cada vez más rápido y fuerte para continuar moviendo todo.