La retroalimentación inmediata en la programación permite a los estudiantes comprender rápidamente la relación causa-efecto entre lo que escriben y lo que sucede con su programa. Y esto influye de forma directa en su propio proceso de aprendizaje. Cuando el código se ejecuta sin problemas, el alumno/a experimenta satisfacción y motivación; pero si encuentra un error, lejos de verlo como un obstáculo, lo percibe como una oportunidad para reflexionar, hacer ajustes y volver a intentarlo. De esta forma se propicia un ciclo de ensayo y error, en tiempo real, que potencia el pensamiento crítico, la resiliencia y la autonomía en el aprendizaje. La retroalimentación inmediata propia de esta disciplina favorece una metodología constructivista, que permite al estudiante sentar, poco a poco, las bases de su propio conocimiento, a partir de experiencias fortalecidas por el ensayo constante y un estilo de aprendizaje muy práctico. Enseñar a programar con herramientas que proporcionen retroalimentación inmediata, no sólo mejora la comprensión de los conceptos técnicos de esta disciplina tecnológica por parte de nuestros niños y niñas. También responde a sus necesidades cognitivas actuales. Se trata, en definitiva, de aceptar el reto que nos presenta un mundo cada vez más rápido, y aprovechar la inmediatez como aliada de la enseñanza. La posibilidad de comprobar al momento si un código funciona, o no, representa una ventaja pedagógica sin precedentes en este contexto, pues, al observar en tiempo real cómo se ejecuta su código, el alumnado no sólo valida el resultado de su trabajo. También se involucra en un proceso de aprendizaje basado en la observación, la exploración y la corrección.