Un blanco de campo actúa como control de calidad en cada etapa del muestreo.
Por definición es «un elemento de retención sin usar, tomado del mismo lote utilizado para el muestreo, tratado de la misma forma que los elementos de retención que se usan en el muestreo, excepto que no se utiliza para recoger muestras».
Su objetivo principal es detectar cualquier contaminación que se introduzca durante el proceso de muestreo, lo cual es vital para validar los resultados obtenidos en el trabajo de campo.
El blanco sirve como verificación del proceso.
Si se detecta contaminación en el blanco, es señal de que el método de recolección o manejo debe ser revisado y corregido.
El cumplimiento normativo es un aspecto fundamental en los muestreos de higiene industrial.
Es crucial buscar y aplicar el método de toma de muestra que indique explícitamente el número de blancos obligatorios, ya que diversas normativas y protocolos (como los establecidos por normas UNE, entre otros) requieren la implementación de controles de calidad, entre los que se incluye la muestra blanco de campo.
Las normativas estipulan métodos estandarizados que garantizan la calidad y consistencia en el muestreo, permitiendo comparar datos entre diferentes estudios y entornos.
Cumplir con los requisitos normativos refuerza la credibilidad de los resultados y proporciona una base sólida en auditorías y revisiones regulatorias.
Las normativas se actualizan periódicamente para incorporar avances científicos y tecnológicos, lo que obliga a los técnicos a ajustar sus métodos y a mantenerse al día con los estándares internacionales.
Para los técnicos de prevención que realizan muestreos en campo, la implementación del blanco es una práctica indispensable.
Este control no solo valida el procedimiento de toma de muestra y previene errores en la interpretación de los análisis, sino que también respalda la integridad de los datos en la toma de decisiones durante la evaluación del compuesto estudiado.