Por todos es conocida la afición de los bebés por coger y chupar todo lo que se encuentran a su paso. En realidad, como vimos en el último post del blog, se trata de la forma que tienen de conocer el mundo, a través de su boca, donde descubren las formas, las texturas, las durezas… Sin embargo, debemos extremar las precauciones en lo que respecta a los accesorios que el bebé se lleva a la boca. Existe el riesgo de que dicho objeto pueda descomponerse y que una de sus piezas cause el posible atragantamiento del pequeño, sin olvidar que el material del que esté hecho ese artículo pueda resultar tóxico para el bebé. Los chupeteros se rigen por una normativa específica, la EN 12586:2008 (+A1:2011), al formar parte de «Artículos de puericultura. Broches para chupetes. Requisitos de seguridad y métodos de ensayo». Los mordedores, al ser considerados juguetes, deben cumplir las normativas EN 71-1:2015 (+A1:2019) y EN 71-2:2011 (+A1:2014), dentro del apartado de “Seguridad de los juguetes” y marcado CE, que demuestra que el fabricante ha evaluado el producto y se considera que este cumple los requisitos de seguridad, sanidad y protección del medio ambiente exigidos por la Unión Europea. El caso de la silicona alimentaria es muy común en los accesorios para bebés, ya que es utilizada en mordedores y otros productos.