Esta región rusa, el oeste del país y muy próxima con Alaska, se encuentra dentro del conocido como Cinturón de Fuego del Pacífico, un lugar en el que se concentra el 90% de la actividad sísmica del planeta.
Esta zona, con forma de herradura, se trata de una larga cadena tectónica de 40 mil kilómetros, ubicada en el océano Pacífico.
En ella, además de la alta actividad tectónica, se concentra buena parte de los volcanes activos del mundo, alrededor de 450.
También se encuentran algunas de las fosas marinas más importantes como las de las Marianas, Java o Aleutianas, entre otras.
Según explica National Geographic, el lecho del Pacífico se asienta sobre varias distintas placas tectónicas que se encuentran en permanente movimiento y fricción.
El Anillo de Fuego del Pacífico supone uno de los lugares más interesantes para la tectónica de placas, ya que en esta región se encuentran la Placa del Pacífico, la Placa de América del Sur, la Placa de Nazca, la Placa de América del Norte, la Placa de Filipinas y la Placa de Australia.
Dichas placas se hunden varios centímetros por año y acumulan tensiones que se liberan en forma de sismos.
Además de Japón, los países que se encuentran o tocan esta región son: Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, México, Estados Unidos, Canadá, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, Rusia, Taiwán, Filipinas, Indonesia, Singapur, Malasia, Timor Oriental, Brunéi, Papúa Nueva Guinea, Tonga, Tuvalu, Nueva Zelanda y las Islas Salomón.
Algunos de los terremotos más virulentos de la historia se han producido en esta zona.
Entre ellos, los de Chile en 1960 y 2010, Alaska en 1964, Japón en 2011 y el del Índico en 2004, con consecuencias devastadoras para la región.