Las frustraciones, cuando quedan atascadas, pueden generar en consecuencia muy diversas afecciones, ya que se canalizan y descargan en distintos lugares del cuerpo: dolores gástricos, colon irritable, dolores de cabeza persistentes, diferentes alergias, caídas de cabello, cambios hormonales, aftas bucales rebeldes, artritis, trastornos sexuales, hipertensión arterial, fibromialgia, entre otras. Esto resulta más evidente en las personas que aparentemente son más tranquilas y contenidas que suelen no manifestar sus estados anímicos, razón por lo cual las frustraciones suelen terminar expresándose a través de dolores corporales. Diversas investigaciones han confirmado que muchos dolores pueden estar producidos no por causas físicas sino emocionales, incluyendo en este concepto a las frustraciones y que son las respuestas afectivas que se experimentan cuando se tiene un deseo, una necesidad, un impulso, un proyecto que no se puede satisfacer. También Sigmund Freud, en El malestar en la cultura, expresaba como posible causa del dolor psíquico las relaciones con el prójimo que evidencian la injusticia y la frustración. El dolor prolongado y sin una solución efectiva afecta las relaciones con los otros, el trabajo, el estado de ánimo, la calidad de vida y es uno de los principales síntomas de sufrimiento.