Las personas con TDAH presentan menores volúmenes de la amígdala y, por tanto su desempeño es disfuncional, lo que explicaría que muestren un patrón irregular de la actividad emocional, un procesamiento emocional inferior y un menor control de la impulsividad. Interpretan las situaciones como más amenazantes y negativas de lo que son realmente, por lo que las viven con mayor malestar. Dificultad para manejar su capacidad de autocontrol. Su corteza prefrontal no es capaz de inhibir el impulso primario, lo que provoca una respuesta desproporcionada de la que luego se arrepienten. Pobre o escasa habilidad para reconocer las emociones propias y ajenas. Tienden a simplificarlo en estar “bien” o estar “mal”, esto hace que la expresión se reduzca a dos tipos: los explosivos y los apáticos o planos, siendo más arriesgado el segundo perfil porque tienden a reprimir o a guardarse sus sentimientos para sí mismos, lo que provoca que se queden únicamente con su interpretación. Baja capacidad para regularse emocionalmente. Principalmente tienen dificultades para manejar las emociones que suponen una alta activación fisiológica como son la ira, la tolerancia a la frustración y la alegría. Alteraciones a nivel motivacional. Son cortoplacistas. Prefieren una pequeña recompensa inmediata que una superior postergada en el tiempo. La demora les genera realmente inquietud y molestia. Por tanto, necesitan refuerzos externos de manera continuada.