La disociación se define como la desconexión transitoria o permanente de aspectos de la conciencia, la memoria, la identidad o la percepción del entorno. En el caso del TDAH, este fenómeno puede manifestarse de diferentes formas, como la falta de conexión entre los pensamientos y las acciones, la sensación de estar desconectado de uno mismo o del entorno, o la aparición de amnesias o lagunas en la memoria. La disociación en el TDAH puede estar asociada con dificultades para concentrarse, problemas de memoria, falta de motivación, fluctuaciones en el estado de ánimo, impulsividad, baja autoestima y dificultades para regular las emociones. La disociación en el TDAH puede estar relacionada con factores como el estrés crónico, la ansiedad, el trauma o la dificultad para regular las emociones.