Hay cinco formas en las que la disociación de procesos psicológicos modifica el modo en que una persona experimenta su vida: despersonalización, desrealización, amnesia, confusión de la identidad y alteración de la identidad.
La fuerte presencia de alguno de estos cinco rasgos sugiere la existencia de un trastorno disociativo.
La persona que se encuentra disociada sufre algunos de estos síntomas:
Se queda adormecido durante el día y se siente desorientado.
Tiene experiencias de desrealización: la gente o el mundo no parecen reales, lugares familiares parecen extraños, no se reconoce en el espejo, el mundo parece un sueño, a través de un velo, como si uno realmente no existiera.
La persona se vuelve insensible a las emociones o está especialmente desconectada (“embotamiento afectivo”).
La persona puede tener comportamientos extraños, inexplicables, que le cuesta entender a él mismo, ya que interiormente se siente dividido.
Su estado de atención se nubla, hay sensaciones confusas, no puede tener una idea clara de sus pensamientos, ya que la mente se queda en blanco.