El castigo físico afecta negativamente el desarrollo. Los estudios científicos muestran de manera concluyente que el castigo físico se asocia con consecuencias negativas de corto y largo plazo en el desarrollo de niñas, niños y adolescentes. En particular, la ciencia ha encontrado que el castigo físico se asocia con los siguientes riesgos: Desarrollo cerebral atípico, en particular en áreas de la corteza prefrontal, que es una estructura cerebral que se encarga del manejo cognitivo y de emociones y que, por lo tanto, es esencial para el comportamiento y éxito académico y social. Menor desarrollo cognitivo, lo que puede generar problemas académicos a largo plazo, dificultando el aprendizaje de las niñas y los niños. Problemas de salud mental, como depresión y ansiedad en la adolescencia y la adultez. Menor autocontrol, es decir, los niños y niñas castigados físicamente tienden a experimentar más dificultades para manejar sus emociones y tener un buen comportamiento. Mayor agresividad, que puede ser causada por las afectaciones cerebrales o, sencillamente, porque los niños y niñas son como esponjas que absorben todo lo que ven en su entorno. El castigo físico produce efectos contrarios a los que se buscan. Dadas las afectaciones cerebrales, cognitivas y de comportamiento producidas por el castigo físico, esta práctica empeora el mal comportamiento de niñas, niños y adolescentes, al reducir su autorregulación y aumentar su agresividad.