Consiste en aplicar pequeñas mejoras individuales, que no pesan más de un 1%, pero que, a medida que se van agregando, generan diferencias significativas. Creó un proceso de mejora continua e incremental, y fue incorporando cientos de pequeños cambios hasta convertirlos en hábitos diarios, desde los hábitos de sueño, nutrición e higiene, hasta la aerodinámica, los tiempos de calentamiento, la optimización del confort, el peso de las llantas, la crema perfecta para los masajes, las almohadas, etc. En definitiva: ¡mejoró un poco absolutamente todo. Aplica la teoría de mejoras marginales y mejora cada cosa que hagas un 1%. Intenta mejorar un poco cada cosa que hagas: un 1% (tu agenda, tus reuniones, tu correo, tu planificación, tu descanso, tus desplazamientos, tu formación, tu mesa, tu escritorio, etc.). Incorpora dichas mejoras insignificantes en tu día a día, ya que, aunque de forma aislada parezcan no provocar ningún impacto, si las consideramos de forma agregada… ¡marcarán la diferencia. Olvídate de la perfección, céntrate en la progresión y en la agregación de las mejoras. Pequeños slots de tiempo acumulados pueden construir algo grande, puedes convertirte en un experto en cualquier cosa dedicándole 30 m. al día. Pequeños cambios acumulados pueden suponer grandes cosas.