Las personas que se sobrepasan en los niveles de exigencia son difíciles de complacer o mantener satisfechas, pues su nivel de expectativa siempre está por encima de lo que puede lograr o recibir de otros, tanto a nivel personal como profesional.
Piden demasiado, pueden ser caprichosas, obstinadas y hasta autócratas.
Las personas exigentes pueden ser intransigentes con ellos y los otros, generando problemas que afectan sus relaciones interpersonales y su calidad de vida en general.
Me dicen “Laura, soy muy exigente, no puedo remedirlo y estoy liderando a mi equipo a que nunca estén satisfechos”.
“Siempre pienso que yo lo podría haber hecho mejor y le busco peros, reconozco las mejoras que hacen pero en mi mente pienso que les falta algo más y algo más”.
Sientes insatisfacción, sueles autocriticarte y criticar a otros.
Nunca me siento 100% satisfecho, siempre encuentro un pero.
Inviertes mucho tiempo en cualquier actividad, no sientes complacencia al culminarla, pues piensas que podías haberlo hecho mejor.
Temes equivocarte y recibir críticas.
Precisas tener bajo tu control todas las situaciones para minimizar riesgos.
A veces sientes miedo y culpa que pueden llegar a paralizarte.
Necesitas repasar varias veces lo ya planificado y aceptado con antelación
Evitas la angustia que te produce la incertidumbre.
Te cuesta delegar tareas y confiar en que otros puedan hacerlas bien.
Rehúsas cambiar tu punto de vista y aceptar la visión de otros.
Te encaprichas en corregir detalles y puedes ser déspota.
Te impones metas a menudo poco realistas y hasta absurdas.
Te consideras una persona exigente en todo (familiar y profesional) y con todos.
Sufres de estrés y ansiedad.
Inviertes mucho tiempo en cada actividad perdiendo disfrutar cosas importantes, que posteriormente te generan culpa.
Te cuesta aceptar que un trabajo está terminado o lo suficientemente bien hecho.