El locus de control es fundamental para comprender cómo percibimos el control sobre nuestra vida y cómo esto impacta en nuestro comportamiento y bienestar.
Tener un control excesivamente interno o externo puede hacer que se generen problemas en nuestro día a día.
Puede ser interno, cuando creemos que tenemos todo el control de lo que nos pasa, o externo, cuando creemos que son otras personas o las circunstancias las que dominan nuestra vida.
La cantidad de control que uno siente depende de cómo explicamos los contratiempos.
Muchas investigaciones han demostrado que el locus de control interno es mejor de cara a tener una vida saludable.
Aun así, cada uno puede ser bueno en una determinada situación.
Las personas con locus interno son conscientes de que pueden hacer algo para cambiar las situaciones y que en muchas ocasiones, son responsables de lo que les pasa.
La clave está en tener un locus de control interno siendo conscientes de que, en ocasiones, hay situaciones que no podemos controlar por mucho que queramos.
Un locus de control interno excesivo también podría ser malo porque si una persona piensa que es mala en algo y que es su culpa, podría estresarse demasiado.
Estas personas son propensas a tener sentimientos de autoeficacia, tomar decisiones, ser independientes y tener éxitos.
Estas personas también tienen más sentimientos de autoeficacia, en otras palabras, esta autoeficacia puede animarnos a no resignarnos a las malas situaciones, a persistir a pesar de los fracasos iniciales, a esforzarnos en malas situaciones, etc.
La cantidad de control que uno siente depende de cómo explicamos los contratiempos.
Cuando creemos que lo que pasa está en nuestras manos, ocurre un locus de control interno.
Cuando una persona es capaz de salir hacia delante, aunque existan fuerzas externas que la desestabilicen, también se da un locus de control interno.