El efecto de verdad por repetición hace que demos por verdad algo que se nos repite frecuentemente. La repetición hace que el cerebro se familiarice con ciertas afirmaciones y termine asimilándolas como si fueran ciertas, aunque no sea así. Una manera segura de hacer que la gente se crea falsedades es la repetición frecuente, porque la familiaridad no es fácilmente distinguible de la verdad. Nuestro sistema cognitivo es paradójico, y solemos dar naturaleza de verdad a determinadas afirmaciones tomando como referencia datos que pueden no tener que ver con el conocimiento de hechos que la respalden. Así, escuchar un mensaje muchas veces puede hacernos interiorizar la idea de que es validado por muchas personas. Las personas llegan a creer datos inverosímiles, no solo sobre temas que conocen poco, sino sobre asuntos con los que ya están familiarizados. La repetición hace que haya más “fluidez de procesamiento”, consiguiendo que la información sea más fácil de procesar. Esa facilidad alimenta la idea de que los datos son ciertos. Cuando algo “nos suena”, el cerebro tiende a ser menos crítico. O sea, baja la guardia y acepta los datos sin examinarlos a fondo, ya que así ahorra trabajo. El 53 % de las personas vieron cada vez menos falsas las afirmaciones que fueron repetidas. Cuando algo nos suena o lo hemos escuchado varias veces, el cerebro puede darlo por verídico y así ahorra energía.