Presta atención a tus pensamientos y a las imágenes que te representas.
La esencia del proceso de visualización consiste en sentir y vivir internamente lo creado mentalmente y además representar con la intensidad emocional adecuada.
Para ello se puede realizar con un proceso de ojos cerrados en el cual la persona se concentre y asocie con la visualización, o bien la verbalice mientras se la representa mentalmente.
Se puede realizar sentado, andando o de pie.
Si lo vas a experimentar en primera persona y optas por sentarte, cierra los ojos, con el fin de evitar todos los estímulos que pudieran entrar a través de los ojos.
La visualización requiere conseguir un buen estado de relajación y concentración.
Aprovecha todo aquello que te relaja: silencio, luz tenue, aromas agradables, etc.
Presta atención a tu respiración y provoca que sea consciente, pausada y profunda.
Imaginar o percibir la situación de la forma más precisa posible, con el mayor número de detalles y utilizando tantos sentidos como seas capaz y aplicando la intensidad emocional adecuada.
Empieza a imaginar o visualizar lo que tú quieres conseguir ser, hacer o tener.
Hazlo con tanto detalle como sea posible.
Todas las escenas, sin excepción deben ser optimistas y deben acabar con un enfoque positivo.
Imagina que has conseguido tu objetivo:
Aspectos visuales: Observa bien lo que “ves”, fíjate en los detalles ¿Cómo te verás cuando consigas tu objetivo?
¿Cómo te verán las personas cercanas que te quieren?
Que ropa te pondrás, etc.
Aspectos auditivos: Escucha “lo que dices”, ¿Qué te dirás a ti mismo?
¿Qué te dirán las personas cercanas a ti que te quieren y quieren lo mejor para ti?
Siente cada palabra que “dices”
Visualiza cada palabra, siente la confianza de poseer esa imagen
Aspectos Kinestésicos: ¿Cómo te moverás?
¿Qué te permitirá hacer que ahora no haces?
Algo que hayas querido hacer… algún reto
Existe una guía de visualización que puedes utilizar independientemente de si es con los ojos cerrados o escrita.