Los tornillos de culata se fijan por la combinación de apriete por fuerza y apriete angular y, en colaboración con adhesivos anaeróbicos de alta resistencia como LOCTITE 270, garantizan una fijación uniforme y permanente de la junta de la culata, una pieza sometida a vibraciones y variaciones térmicas.
Gracias a este tándem se asegura la estanqueidad de líquidos y gases del motor.
La primera etapa consiste, generalmente, en un prefijado.
En la segunda etapa, se realiza el apriete de los tornillos, normalmente sin sobrepasar el límite elástico.
Durante la tercera y cuarta etapa se somete el tornillo a un estiramiento extra que sobrepasa el límite elástico del acero.
En cada etapa descrita se aprietan la totalidad de los tornillos de la tapa de culata, sin embargo, es fundamental que se siga el orden de apriete estipulado por la marca del vehículo.
Normalmente, este orden de apriete se describe en el manual de taller del fabricante según el modelo y el motor y, generalmente, suele ser desde el centro hacia el exterior de la tapa.
Aplicar un par de apriete excesivo en el anclaje de la culata implica una sobretensión en los tornillos, lo que ocasiona una deformación de las piezas atornilladas y riesgo de ruptura del elemento de unión.
Mientras que si el par de apriete es escaso, es posible que el anclaje quede flojo y, por lo tanto, tienda a desenroscarse con el tiempo, cosa que provoca un importante riesgo de fugas en la culata.
Es fundamental que los técnicos del taller sigan las instrucciones y valores estipulados por el fabricante en sus tablas de pares de apriete de culatas.
De este modo, se asegura el correcto funcionamiento del motor.