Este principio viene a explicar que, el incremento de la activación aumenta el rendimiento hasta un punto, a partir del cual, la continuación de este incremento hace descender el rendimiento drásticamente. Por lo tanto, tanto grados de tensión muscular muy bajos como muy altos conllevan una disminución de rendimiento.
La explicación a esta “U” invertida es que a medida que crece la activación, se cierra el foco de atención y los estímulos externos e internos compiten con los requerimientos de la tarea en cuanto a la atención se refiere, mientras que niveles bajos de activación amplían tanto el foco que cualquier estímulo constituye un distractor.
Esta variable se ve influida también por la destreza, ya que está demostrado que a mayor destreza o control de la tarea, se necesitan menores niveles de activación para alcanzar cotas de rendimiento aceptables y se pueden incrementar levemente los valores de activación en busca de rendimientos máximos.
Pongamos un clásico levantamiento de banca de powerlifting. Si nuestro nivel de activación tanto muscular como mental es bajo el reclutamiento de fibras no será el óptimo y se producirán desestabilizaciones que nos distraerán del objetivo de levantar el peso, sin embargo, un exceso de activación y motivación puede hacer que nos centremos exclusivamente en el requerimiento de la tarea (Levantar el peso) y que no prestemos suficiente atención a aspectos de la ejecución como realizar un correcto leg-drive, retracción escapular y fijación de hombro.
Un alto grado de mecanización del ejercicio nos permitirá centrarnos más en el peso a movilizar, ya que la forma de ejecutar está muy automatizada.
Es por tanto importante que aprendamos a diferenciar motivación con exultación y concentración con euforia.