El entrenamiento metacognitivo tiene como objetivo aprender a reflexionar y pensar sobre nuestros pensamientos, con una doble finalidad: observar nuestros procesos cognitivos y ser conscientes de los errores de la mente, así como ser capaces de detectarlos y controlarlos. La intervención se puede ofrecer en formato individual o grupal, si bien la discusión grupal es más útil para integrar estos errores del pensamiento. Se basa en un material estructurado que se proyecta en las sesiones, en el que se trabajan diferentes errores de pensamiento a partir de ejercicios, imágenes, situaciones y experiencias. Contiene entre ocho y diez sesiones en las que se comentan diferentes errores cognitivos que nos pueden llevar a tomar decisiones precipitadas o equivocadas. En la primera sesión se trabaja el estilo atribucional, es decir, la causalidad de los eventos. Dos sesiones se basan en el sesgo de saltar a conclusiones, que consiste en tomar decisiones precipitadas sin evidencia. Otra de las sesiones se basa en el error de evidencia disconfirmatoria, que consiste en aferrarse a nuestras creencias a pesar de que hay evidencia de lo contrario. Uno de los mensajes más importantes del entrenamiento metacognitivo es poder comprender a los demás y ponernos en su lugar. A veces, es importante contar con una persona en quien se confía plenamente y formular: «¿Qué crees que piensa tu hermana (por ejemplo) sobre esto?». Esta pregunta podría ayudar a tomar distancia y modificar el pensamiento o comportamiento asociado a este error de pensamiento.