No es lo mismo irnos cuatro días de retiro o una semana a la playa que todo un mes. Por otro lado, si tu condición física es exigente y no quieres bajar ese nivel a la vuelta, no te va a quedar otra que seguir entrenando. La buena noticia es que el verano nos lo pone fácil y podemos aprovechar el entorno sin necesidad de abonar la matrícula del gimnasio: parques de calistenia, el paseo marítimo para correr, nadar en el mar. Inevitablemente, perder el hábito de la práctica deportiva es mucho más fácil que ganarlo. El grado y rapidez con los que se pueden perder nuestros avances dependerán de los factores individuales de cada persona, lo habitual es que baste con unas dos semanas para perder la evolución que teníamos, a partir de ese tiempo nuestro estado de forma decrecería. Aunque los periodos de parón no deben ser muy habituales en el tiempo, de vez en cuando son necesarios como recuperación y mejora. Planteando objetivos realistas e intentado no abarcar más entrenamiento del que en realidad podremos realizar. Es buen momento para realizar actividades nuevas que durante el año no podemos practicar, así como una buena oportunidad para encontrar otras motivaciones que generen nuevos hábitos. No se trata de hacer la misma rutina que llevamos durante el resto del año. Sí, en cambio, de tratar de buscar una actividad que impida no perder lo que tanto ha costado conseguir, cualquier escenario estival es perfecto para realizar un entrenamiento rápido, optando por una amplia variedad de actividades deportivas o por diferentes ejercicios que permitan trabajar todo el cuerpo. Entrenar bajo la premisa de divertirse y de continuar construyendo un hábito deportivo saludable y no la de una obligación o castigo. Alimentación y ejercicio es el binomio perfecto, aplicado con sentido común y siendo permisivo ante unos días de descanso.