Bebe agua constantemente.
No esperes a tener sed, pues ésta es simplemente un síntoma que indica que la deshidratación ha comenzado.
Recuerda que el agua nos ayuda a regular la temperatura corporal y a mantener correctamente nuestras funciones físicas y cognitivas.
Duerme al menos ocho horas diarias.
Nuestro cuerpo necesita sus periodos de descanso para recuperarse.
La falta de sueño hace que aumente el cansancio y que éste nos acompañe a lo largo de todo el día.
Procura que tu sueño nocturno equivalga en cierta medida al tiempo que empleas trabajando: por lo menos, ocho horas.
De esta manera tu cuerpo se levantará descansado y podrá rendir mucho mejor.
Una pequeña siesta para recuperar fuerzas.
Puedes echarte la siesta, pero hay que tener cuidado con el tiempo que le dedicamos: con treinta minutos es suficiente.
Piensa que una siesta de dos horas te trastocará el ritmo de la jornada, te hará estar más aturdido y, lo que es peor, podría impedirte conciliar después el sueño por la noche.
Elige alimentos saludables.
Llevar una alimentación sana es esencial a todos los niveles, pero especialmente si se trata de reducir el cansancio extremo.
Existent ciertos nutrientes cuya función es ayudarnos a disminuir el cansancio y la fatiga: el ácido pantoténico, el ácido fólico, el hierro, el magnesio, la niacina, la vitamina B12, B6 y C son algunos de ellos.
Elige alimentos que contengan estos nutrientes.
En el trabajo decántate por comidas ligeras.
Especialmente si tu trabajo no requiere movimiento, las comidas pesadas le dan más trabajo a nuestro aparato digestivo y nos aportan una sensación de sueño que dificulta nuestro rendimiento y nos hace estar más cansados.
Opta mejor por una comida ligera: ensaladas, verdura, cremas, pescado, carnes magras.
Recuerda que el plato más fuerte del día debe ser el desayuno.
No te dejes caer en el sedentarismo.
Al contrario de lo que podamos pensar, el cansancio extremo puede combatirse con actividad física.
El deporte nos hace generar endorfinas, aumenta la sensación de euforia y nos ayuda a mantener los huesos y músculos en buen estado.
Alejarnos del sedentarismo puede ser una de las claves más importantes para alejar el cansancio de nuestras vidas.
Si nos acostumbramos a la completa inactividad física, todo nos costará el doble de esfuerzo.
Aprende a relajar tu cuerpo y tu mente.
Tan importante es practicar ejercicio como aprender a relajarnos.
Existen diferentes actividades, como el yoga o la meditación, que pueden sernos especialmente útiles para combatir el estrés que genera a veces este tipo de cansancio.
Fija unos minutos al día para frenar, respirar hondo y dar carpetazo a las preocupaciones.
Descansa también la vista.
Si nos pasamos horas delante de un ordenador, ya sea por trabajo o por ocio, no podemos olvidarnos de descansar los ojos.
Procura apartar la vista de la pantalla cada cierto tiempo para fijarla en un punto lejano y parpadear, de esta manera evitaremos que nuestros ojos fuercen y se mantengan en tensión.
Una vista cansada puede generar dolor de cabeza y cansancio, algo que definitivamente no queremos.
Un baño antes de dormir.
El agua caliente nos ayuda a relajar los músculos después de un largo día de trabajo.
Puedes darte un baño antes de irte a la cama para destensarte y relajarte, así conseguirás conciliar antes el sueño y descansar lo suficiente como para deshacerte del cansancio extremo al día siguiente.