El factor determinante que nos va a decir si un cartucho es efectivo o no es el plomeo, que es la dispersión experimentada por la carga de perdigones en el aire cuando abandonan la boca del cañón de la escopeta.
Sería fácil pensar que todos los perdigones salen del cañón con la misma velocidad y por tanto con la misma energía, pero no es así.
Durante un breve instante, dentro del cañón, los perdigones forman una masa compacta, aplastados entre ellos, por la presión del disparo, aunque su comportamiento individual poco tiene de homogéneo, ya que el reparto de la energía no será el mismo entre ellos.
Los que están por detrás son empujados directamente por la explosión con toda su fuerza, mientras que éstos empujan a los que están por delante con la energía que les sobra, una vez que gastan algo para vencer su propia inercia.
Cada perdigón trasmite al que tiene por delante un poquito menos de lo que él recibe.
Como los plomos están alojados dentro del cartucho sin orden perfecto, cada uno se apoya por delante en dos o tres y, en algunos casos, hasta cuatro secciones de los siguientes.
Esto hace que su capacidad de empuje se divida entre todos ellos; pero, además, como seguramente no se habrá apoyado en forma homogénea entre todos, el reparto de energía tendrá la misma falta de homogeneidad.
A medida que se separan, las bolitas de plomo gastan parte de su impulso en desviarse y luchar solas contra la resistencia del aire, y esto les resta velocidad;
Un factor enormemente importante a la hora de obtener un buen plomeo es la calidad de los componentes del cartucho.
1) cuanto más gramos de perdigones hay, peor es el plomeo.
2) a igualdad de gramos de carga, los perdigones más finos abrirán más.
3) cuanto más gruesa es la munición, mata más lejos.