Otras necesitan más tiempo para procesar esa información en alguna parte de su sistema nervioso, entenderla y reaccionar. Son personas con tiempos de reacción más largos y lentos. Puede tratarse de un ruido extraño en el motor o una vibración diferente en el volante, pueden ser pequeños síntomas que manifiesta el cuerpo, leves alteraciones en nuestra biología, o puede darse el caso de que sean determinados gestos o palabras que nuestro supervisor nos dirige o los comentarios sobre el último trabajo que entregamos. Ante las mismas circunstancias unos reaccionan rápidamente y tienen más posibilidades de salir mejor parados de la situación, y otras personas parece que son ciegas, sordas e insensibles a los mismos estímulos, con lo que la Vida necesita subir el volumen o aumentar la intensidad para que reaccionen. Este tipo de personas de tiempos de reacción más lentos, tendentes a postergar decisiones o acciones y con facilidad para la negación o el autoengaño, son las más propensas a vivir situaciones dolorosas, pagar las consecuencias del propio sabotaje y entrar en el victimismo, el estrés y la depresión.